¿QUÉ ES EL ARCA DE LA ALIANZA?

El Arca de la Alianza es, según la tradición judeo-cristiana, el cofre creado por mandato de Jehová que contenía las Tablas de la Ley, es decir las lápidas de piedra en las que se habían tallado los diez mandamientos que Dios dictó a Moisés en el monte Sinaí.

El arca se conservaba en el templo de Jerusalén, construido por orden del rey Salomón (hacia 988-928 antes de Cristo). Era un cofre de 111 cm de largo por 67 cm de ancho y 67 cm de alto, fabricado en madera de acacia y revestido ricamente de oro. Estaba coronado por dos seres alados de oro puro con las alas extendidas y se transportaba con dos varales largos que evitaban que el arca se tocase con las manos. En las órdenes que Dios le dio a Moisés para su fabricación, según la tradición, indicaba que pusiera dentro las leyes que iba a dictarle y que el arca sería, por añadido, una especie de lugar de reunión: “allí me encontraré contigo y, desde lo alto de la tapa, de entre los dos seres alados que están sobre el arca de la alianza, te haré saber todas mis órdenes para los israelitas”.

Además de las tablas, también se guardó en el arca durante un tiempo una jarra de oro que contenía maná, la vara mágica de Aarón, el hermano de Moisés, y algunos otros documentos importantes, de modo que el arca funcionaba y era, en rigor, un archivo

Sin embargo, tenía, según los textos bíblicos, innegables connotaciones mágico-religiosas, pues se alertaba de que cualquiera que la mirara directamente, moriría la instante. De hecho, acabó convirtiéndose en un arma aterradora que se utilizó en la destrucción de Jericó (Palestina) o en diversas batallas contra el pueblo de los filisteos, pero que solo funcionaba siempre y cuando los israelitas se mostrasen fieles a Dios. Así, en una ocasión, según la Biblia siempre, la infidelidad se castigó con una derrota ante los filisteos, quienes llegaron a tomar el arca como botín de guerra. Fueron tantas las calamidades sucedidas en sus ciudades y aldeas (por ejemplo, la aparición generalizada de hemorroides) que acabaron devolviendola a los hebreos.

Con la conquista de Jerusalén por los babilonios en el año 587 antes de Cristo, se pierde la pista sobre este legendario objeto. No obstante, son muchos los historiadores que rechazan la misma existencia de esta reliquia, y otros lo mencionan simplemente con un objeto simbólico.

ALVARADO Y EL SALTO CON PÉRTIGA

Pedro Alvarado (1485-1541) es uno de los más conocidos conquistadores españoles. Nacido en Badajoz (España) era de gran estatura y rubio, lo cual impresionaba a los indígenas que lo veían. Pedro y sus hermanos participaron junto con Hernán Cortés en la conquista de México, y en ese escenario Alvarado pasa por ser el responsable de la matanza del patio del Templo Mayor.

Los españoles se encontraban en la capital de los aztecas, Tenochtitlan (actual Ciudad de México), con los que se había llegado a una suerte de tregua, y en ausencia de Hernán Cortés, Alvarado quedó al mando. No se sabe qué sucedió realmente, pero la cuestión es que dio la orden de cargar contra los participantes de una fiesta religiosa y aquello acabó con la muerte de entre trescientas y seiscientas personas completamente desarmadas. Fue una sangrienta carnicería, y Alvarado nunca pudo justificar su acción coherentemente. Alegó que en la fiesta los aztecas tenían previsto realizar sacrificios humanos, por más que hubieran prometido a los castellanos no hacerlo, y que en realidad aquella festividad era una encerrona para atacar a los europeos.

Hernán Cortés tuvo que regresar rápidamente para socorrerle, porque aquello había desencadenado duros enfrentamientos. Finalmente, los españoles hubieron de abandonar atropelladamente la ciudad.

En esa huída, cuentan que Alvarado, rodeado de enemigos, salvó la vida al saltar un canal haciendo uso de su lanza como si de una pértiga se tratara, lo que se tiene como origen de esa disciplina atlética llamada salto con pértiga.

Analizada fríamente, es muy probable que tal hazaña no ocurriese nunca, ya que Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en aquello, dice que ningún testigo se hubiera fijado en tal destreza, porque todos andaban en intentar salvar su propia vida como fuera. Indica, además, que la anchura y profundidad del canal hubieran impedido el salto, y, finalmente, precisa que él jamás oyó hablar del famoso salta de Alvarado hasta muchos años después de que sucediera lo de Tenochtitlan, cuando alguien publicó unas laudas dedicadas a Alvarado.

En Ciudad de México hay una calle llamada Salto de Alvarado, situada en el lugar donde pudo haber ocurrido el famoso salto.

CUENTOS SANGRIENTOS

Era conocido en los Alpes italianos un relato titulado La fina nona o La abuela falsa que había corrido de boca en boca durante generaciones hasta que Perrault (1628-1703) lo recogió por escrito. Este cuento acabó por convertirse en un clásico universal bajo el título de Caperucita Roja gracias a unos hermanos alemanes apellidados Grimm, que también rescataron otros relatos centroeuropeos como El gato con botas, Hansel y Gretel o Blancanieves.

Pero había un problema: las mentalidades habían cambiado y la sociedad europea del siglo XIX no podía aceptar que se contasen a sus niños aquellos relatos que contenían episodios de extrema violencia. Los hermanos Grimm suavizaron y eliminaron  las partes más truculentas, garantizando, así, el éxito de la difusión por todo el mundo.

Así, en la Caperucita inicial, el lobo finalmente devoraba sin miramiento a la abuelita y a la niña. Cuando el lobo llegaba a casa de la abuela, simplemente la mataba y se hacía unos filetes con su carne y se bebía la sangre como si de vino se tratase. Luego se disfrazaba y, al llegar la niña, le convidaba a comer trozos de su propia abuela, cayendo así en uno de los crímenes más horrendos: el canibalismo. Luego obligaba a la joven a desnudarse y a meterse en la cama con él. Poco parecido con el cuento que conocemos, la verdad.

Hay que tener en cuenta que el apelativo “roja” indica que la niña ya ha tenido su primera menstruación y por lo tanto es una joven mujer a la que hay que aconsejar sobre los peligros con los que podrá encontrarse en el futuro: no hables con extraños, no te salgas del sendero, cuidado con los “lobos”…

Los hermanos Grimm introdujeron la figura del cazador o leñador que hacía que todo acabase con un final feliz. Pero la verdad es que, incluso así, Caperucita Roja analizado con profundidad, sigue conservando alguno de aquellos matices siniestros de sus orígenes.

¿DE QUÉ MURIÓ ALEJANDRO?

Alejandro Magno (356-323 antes de Cristo), rey de Macedonia, pasa por ser uno de los mayores conquistadores de la Historia, tras destruir al poderosísimo Imperio persa y llevar los límites de sus dominios desde Grecia hasta la India. Sin embargo, hay dos grandes incógnitas en su vida: las razones de su muerte cuando iba a cumplir los 33 años y dónde está su tumba. A la segunda cuestión aún no se le ha dado una respuesta definitiva, pero a la primera, es posible que sí.

Estudios de una universidad neozelandesa han planteado una interesante hipótesis. Vivía Alejandro en el palacio de Nabucodonosor II en Babilonia, y se sabe que cayó enfermo después de participar en un copioso banquete en el que se excedió con la comida y la bebida. En los días siguientes comenzó a sentir un fuerte dolor abdominal y a sufrir una alta fiebre. Diez días después, Alejandro moría irremediablemente.

Desde la Antigüedad ya se sostuvo la hipótesis del envenenamiento, sin embargo, la ciencia moderna indica que no se conocían en esa época venenos de efectos tan lentos, lo que volvía a apuntar a una pancreatitis aguda o a una recaída de la malaria que había sufrido cuando tenía veinte años. Pero falta de exponer un detalle singular que rodeó a la muerte de Alejandro: durante seis días su cuerpo no mostró signos de descomposición, lo que fue interpretado como una demostración de la esencia divina del rey.

Con todos estos datos se ha planteado recientemente una nueva hipótesis de trabajo: Alejandro sufrió el Síndrome de Guillain-Barré, o lo que es lo mismo el rey griego contrajo una variante de neuropatía axonal motora aguda del mencionado síndrome que le produjo parálisis profunda. Era una enfermedad desconocida en esa época (hace unos 2300 años) y provocó en el cuerpo del rey la disminución de la demanda de oxígeno, lo que redujo la visibilidad de la respiración, la dilatación de las pupilas y una temperatura anormal del cuerpo.

En definitiva, dieron por muerto a Alejandro seis días antes de que realmente falleciera, y, efectivamente, es la razón por la que el cuerpo no presentaba signos de descomposición.

LA CURIOSA VIDA DE UN REVOLUCIONARIO

Si le hablamos de José Doroteo Arango Arámbula, seguramente no le diga nada, pero si nos referimos a él con el nombre con el que ha pasado a la Historia, las cosas cambian: Pancho Villa (1878-1923), el más famoso revolucionario mexicano.

La vida del “Centauro del Desierto” está llena de curiosidades, como el hecho de que llegara a engendrar a veintiséis hijos o que se llegase a casar con dieciocho mujeres, según su nieta Rosa Helia Villa, aunque algunos historiadores opinan que pudo llegar a contraer matrimonio entre 29 y 75 veces.

Pancho Villa era además analfabeto. Nunca fue a la escuela y parece que sólo llegó a aprender a leer cuando era adulto, durante su encarcelamiento. Además, consideraba que el alcohol era el principal causante de todas las desgracias, hasta tal punto que, durante su mandato como gobernador de Chihuahua, dictó la prohibición de beber alcohol a sus tropas bajo la pena de fusilamiento. Su rechazo al alcohol, que arruinaba las vidas de sus conciudadanos, era tan radical que llegó a quemar cantinas y a ajusticiar a fabricantes de bebidas espirituosas. Por eso, su bebida favorita era la inocente mateada de fresa, una infusión libre de alcoholes.

Cometió dos delitos antes de convertirse en bandolero, primero, y líder revolucionario, después, el primero cuando sólo tenía catorce años. Tras perder a las cartas, decidió robar las mulas a sus contrincantes para, después, venderlas. Sin embargo, se arrepintió y acabó recomprándolas y devolviéndolas a sus dueños. El segundo, tuvo mayor alcance, pues mató al hombre que había violado a su hermana. Evidentemente le acarreó problemas con la justicia, pero él nunca se arrepintió de haberlo hecho.

Quizás una de las anécdotas más grandiosas sobre su existencia, es aquella que le llevó a atacar el pueblo norteamericano de Columbus en busca de quien le había estafado en un intercambio. Esa es la primera y única vez que los Estados Unidos han sufrido una invasión militar de su territorio.

QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A LA COMADREJA

Los egipcios idolatraban a los gatos y hasta tenían una diosa con cabeza de gata, Bastet, así que para ellos, en ningún caso podía se objeto de comercio, por mucho que los mercaderes griegos insistieran en comprarles aquellos animalitos. Pero los comerciantes helenos no se andaban con escrúpulos supersticiosos, así que uno de ellos logró robar seis parejas y llevarlas a Grecia, según cuenta la leyenda. Cuando las camadas comenzaron a multiplicarse, llegó el momento de exportar gatos a toda Europa.

Fuera como fuese, es cierto que el gato europeo tiene su origen en el Próximo Oriente o Egipto, desde donde llegó a Grecia. Los griegos apreciaban su talento para cazar roedores, pero solo muy ocasionalmente lo consideraban animal de compañía; era más un exótico juguete procedente de Egipto, y siempre se prefería la compañía de los perros. De hecho, para mantener las plagas de ratones a raya se usaban comadrejas, y así, en las fábulas de Esopo no hay ni un solo gato, pero sí varios de esos otros animales. Solo versiones posteriores intercambiaron a ambos animales (como en la famosa fábula del cascabel y el gato).

Tampoco en Roma el gato era especialmente apreciado como mascota y apenas hay referencias a él en la literatura. De hecho, se seguía prefiriendo a las comadrejas y a las serpientes para dar caza a ratas y ratones. Cuando la destrucción de Pompeya (año 79) no existía la moda de tener gatos domésticos, y solo se puede hablar de su expansión por Europa varios siglos después, en el siglo IV.

QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A LA COMADREJA

Los egipcios idolatraban a los gatos y hasta tenían una diosa con cabeza de gata, Bastet, así que para ellos, en ningún caso podía se objeto de comercio, por mucho que los mercaderes griegos insistieran en comprarles aquellos animalitos. Pero los comerciantes helenos no se andaban con escrúpulos supersticiosos, así que uno de ellos logró robar seis parejas y llevarlas a Grecia, según cuenta la leyenda. Cuando las camadas comenzaron a multiplicarse, llegó el momento de exportar gatos a toda Europa.

Fuera como fuese, es cierto que el gato europeo tiene su origen en el Próximo Oriente o Egipto, desde donde llegó a Grecia. Los griegos apreciaban su talento para cazar roedores, pero solo muy ocasionalmente lo consideraban animal de compañía; era más un exótico juguete procedente de Egipto, y siempre se prefería la compañía de los perros. De hecho, para mantener las plagas de ratones a raya se usaban comadrejas, y así, en las fábulas de Esopo no hay ni un solo gato, pero sí varios de esos otros animales. Solo versiones posteriores intercambiaron a ambos animales (como en la famosa fábula del cascabel y el gato).

Tampoco en Roma el gato era especialmente apreciado como mascota y apenas hay referencias a él en la literatura. De hecho, se seguía prefiriendo a las comadrejas y a las serpientes para dar caza a ratas y ratones. Cuando la destrucción de Pompeya (año 79) no existía la moda de tener gatos domésticos, y solo se puede hablar de su expansión por Europa varios siglos después, en el siglo IV.

UN DILUVIO SIN NOÉ

Todos conocemos la historia de Noé, quien, alertado por Dios de que éste tenía la intención de inundar la Tierra para acabar con el pecado, construyó un gran barco en el que metió una pareja de cada especie de animales. Así resistieron Noé y su familia los cuarenta días y cuarenta noches de lluvias continuadas y todo el tiempo que tardaron en retirarse las aguas.

Sin embargo, la primera referencia al diluvio es mucho más antigua que la Biblia y se encuentra en un texto mesopotámico titulado el Poema de Gilgamesh. En este relato, escrito hace más de 4100 años, el dios Enil decidió destruir a la Humanidad inundando el planeta, porque los hombres le resultaban demasiado molestos. Un hombre sabio llamado Utanapistim, sin embargo, fue avisado por el hermanastro de Enil, el dios Ea, para que construyera un barco, si es que se quería salvar, y que lo llenase de animales y semillas. Incluso la figura de la paloma que se envía a buscar tierra firme está presente, aunque en este caso no se trate de una paloma, sino de un cuervo. 

Otras variaciones del relato se han encontrado en la misma región de Mesopotamia, lo que hace a muchos historiadores pensar que los hebreos, un pueblo nómada con una cultura inferior a las de las grandes ciudades de Mesopotamia, simplemente conocieron el relato y lo incorporaron a su tradición, dándolo forma en el Génesis.

Igualmente, en el marco de los estudios históricos, se rechaza la idea de un diluvio con dimensiones planetarias, y más bien se apuesta por algún tipo de catástrofe natural extraordinaria y limitada a alguna región concreta que, por sus características, pasó al imaginario popular y, por transmisión oral, a diferentes culturas.

UN DILUVIO SIN NOÉ

Todos conocemos la historia de Noé, quien, alertado por Dios de que éste tenía la intención de inundar la Tierra para acabar con el pecado, construyó un gran barco en el que metió una pareja de cada especie de animales. Así resistieron Noé y su familia los cuarenta días y cuarenta noches de lluvias continuadas y todo el tiempo que tardaron en retirarse las aguas.

Sin embargo, la primera referencia al diluvio es mucho más antigua que la Biblia y se encuentra en un texto mesopotámico titulado el Poema de Gilgamesh. En este relato, escrito hace más de 4100 años, el dios Enil decidió destruir a la Humanidad inundando el planeta, porque los hombres le resultaban demasiado molestos. Un hombre sabio llamado Utanapistim, sin embargo, fue avisado por el hermanastro de Enil, el dios Ea, para que construyera un barco, si es que se quería salvar, y que lo llenase de animales y semillas. Incluso la figura de la paloma que se envía a buscar tierra firme está presente, aunque en este caso no se trate de una paloma, sino de un cuervo. 

Otras variaciones del relato se han encontrado en la misma región de Mesopotamia, lo que hace a muchos historiadores pensar que los hebreos, un pueblo nómada con una cultura inferior a las de las grandes ciudades de Mesopotamia, simplemente conocieron el relato y lo incorporaron a su tradición, dándolo forma en el Génesis.

Igualmente, en el marco de los estudios históricos, se rechaza la idea de un diluvio con dimensiones planetarias, y más bien se apuesta por algún tipo de catástrofe natural extraordinaria y limitada a alguna región concreta que, por sus características, pasó al imaginario popular y, por transmisión oral, a diferentes culturas.

UN LUGAR IMPRESIONANTE

La “fortaleza” inca de Sacsayhuamán, levantada a dos kilómetros de Cuzco (Perú), es una espectacular obra que se remonta al reinado del gran rey Pachacútec, en el siglo XV, y tal vez una de las obras arquitectónicas más monumentales del apogeo del Imperio inca.

Cuando el español Francisco Pizarro y sus hombres contemplaron este centro situado a 3700 metros de altitud lo identificaron como una fortificación (aunque posiblemente no lo fuera) y simplemente se quedaron maravillados por las enormes piedras que se usaron en su construcción:

No existe nada similar, ni el acueducto de Segovia ni ninguna construcción de Hércules ni de tiempos de los romanos […] debe incluirse entre los monumentos conocidos como las siete maravillas del mundo.

Nadie que los contemple osaría afirmar que fueron colocados por manos humanas. Son como trozos de montañas o riscos.

Y efectivamente casi lo eran: algunos de los bloques utilizado pesan 128 toneladas y otros tienen unas dimensiones de 5×5 metros. Los conquistadores se preguntaban:

Cómo transportaron las piedras al lugar, pues carecían de bueyes y de carros, además tampoco habrían tenido suficientes bueyes para transportarlas […] debe ser obra del mismísimo Demonio o de algún encantamiento.

La funcionalidad del magno edificio probablemente tuviera una vertiente religiosa, sin embargo, durante la guerra entre españoles e incas, este recinto tuvo, efectivamente, un uso militar, pues allí se desarrolló la batalla de Sacsayhuamán en el marco del proceso de reconquista por el Imperio inca entre éstos y los españoles de Pizarro y sus tropas auxiliares.

Curiosidades de la Historia