CONDENADO POR TRADUCIR

John Wyclif (c-1320-1384), teólogo reformador inglés, ha pasado a la Historia por haber realizado una de las primeras traducciones de la Biblia en latín, en este caso al inglés en 1382. Wyclif siempre fue muy crítico con la Santa Sede, que, según él, debía regresar a la espiritualidad primitiva basada en las Sagradas Escrituras y abandonar sus intereses terrenales. El papa Gregorio XI le amenazó por hereje en varias ocasiones, pero él y su grupo de afines de Oxford comenzaron a traducir la Biblia para que el mensaje de Cristo llegase sin malintencionadas interpretaciones a todos aquellos que no sabían latín. Su postura antipapista le granjeó la persecución y la condena de toda la clase religiosa de Inglaterra, pero él se mantuvo siempre fiel a su idea e, incluso, escribió al papa Urbano VI pidiéndole que abandonase las riquezas y los honores del mundo. Finalmente, fue apartado de su cátedra de Oxford, fue considerado hereje y perseguido. Solo algunos poderosos amigos y el apoyo del parlamento lograron que siguiera en libertad. Murió en 1384 y fue sepultado en el patio de la iglesia de Lutterworth, pero no por toda la eternidad, solo durante cuarenta años.

Considerado de nuevo hereje en 1414 en el concilio de Constanza, se acordó la exhumación del cadáver y la quema de sus huesos. Sus cenizas acabaron en el río, así evitaba el Vaticano que su tumba se pudiese convertir en sitio de veneración. El arzobispo de Canterbury dijo de él que era un discípulo del Anticristo que, como complemento de su maldad, inventó una nueva traducción de las escrituras en su lengua materna.

EL PRIMER PARACAÍDAS

Abbás ibn Firnás (810-887) fue un científico andalusí del siglo IX que pasa por ser uno de los precursores de la aeronáutica. Era un buen poeta, astrónomo, físico… y firmó diversos inventos en varios ámbitos de la ciencia, pero lo que más fama histórica le dió fue su esfuerzo por crear una máquina voladora. En el año 852 se lanzó desde una torre de Córdoba (España) con una lona que utilizó para amortiguar la caída, lo que se considera el primer paracaídas de la Historia. Salió vivo de aquella, con sólo algunas magulladuras, y a la edad de 60 años dio un paso más y se lanzó, ante la mirada expectante de una multitud, desde otra torre cordobesa con unas alas de madera recubiertas de plumas de rapaces. Logró mantenerse unos diez segundos y planear hasta un valle, aunque en la caída se partió las dos piernas. Luego reconocería su error: no había puesto una cola al artefacto.

Hoy llevan su nombre un cráter de la luna, un aeropuerto iraquí, un moderno puente cordobés y un centro astronómico en Ronda, y hasta Libia ha editado un sello con su efigie…

EL SILLÓN DEL DIABLO

En el Museo de Valladolid (España) se conserva un mueble que, según la tradición, está directamente relacionado con el Diablo. En 1550 un joven de origen portugués llamado Andrés de Proaza estudiaba Anatomía en la prestigiosa universidad vallisoletana, la primera que tenía autorización real para poder realizar disecciones de cuerpos humanos. Por entonces, desapareció en la ciudad un niño de nueve años con gran preocupación general. Los vecinos de Proaza denunciaron que procedentes del sótano de la casa del estudiante se escuchaban ruidos extraños. La autoridades encontraron en la vivienda varios animales descuartizados y los restos del niño perdido, al que se había practicado una vivisección. El portugués confesó un pacto con el Diablo con el que se comunicaba al sentarse en el famoso sillón y la Inquisición le quemó en la hoguera.

Cuenta la tradición que quien se sentara en el sillón sin ser médico o quien pretendiera destruirlo moriría. Durante siglos estuvo colgado del techo boca abajo para que nadie se sentase por error. Hoy, en el museo, sólo lo impide un ligero cordón.

DOCE+1

No son pocas las costumbres ancestrales que instintivamente seguimos sin saber muy bien porqué. Ahí tenemos, por ejemplo, al número 13, representación de los peores augurios, que ni siquiera está contemplado en la numeración de las filas de los asientos de los aviones de algunas compañías o en las habitaciones de algunos hospitales. Su origen puede estar en el hecho de que en la Última Cena había presentes trece personas, hasta que Judas la abandonó para traicionar a su maestro. En algunas regiones de Europa, los anfitriones siempre se cuidaban mucho que sus invitados a comer nunca sumasen trece, bajo la creencia de que el primero en irse moriría en ese año. Los cazadores de brujas del siglo XVI siempre relataban que eran trece las personas congregadas en los akelarres.Incluso, antes, los romanos ya tenían a ese número por nefasto y muy cercano a la muerte, y los vikingos también lo detestaban porque, en su mitología, en el banquete para los doce dioses siempre aparecía el traidor Loki sin haber sido invitado. El cristianismo consideraba a Lucifer el décimo tercer ángel, los egipcios creían que el estadio número trece de la vida era la muerte, incluso el DNI de la española infanta Cristina debería haber sido numerado como 13, pero se le asignó finalmente el 14. Por cierto, ¿recuerdas el Renault 13?

Quizás la razón de todo sea que el 13 es el siguiente al 12, un número que simbólicamente y matemáticamente tiene una gran categoría. Por cierto, el miedo irracional al número trece se denomina triscaidecafobia.

OBJETIVO: MATAR A HITLER

El 20 de julio de 1944 un grupo de oficiales de la Wehrmacht, las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi, pusieron en marcha lo que llamaron la Operación Valkiria que tenía el objetivo final de acabar con la vida del dictador Adolf Hitler y, posteriormente, hacerse con el control militar de Alemania desarmando a las SS y a la Gestapo. La oposición al régimen nazi era bastante sólida desde 1938 entre algunos militares, diplomáticos, funcionarios o profesionales, que fueron tejiendo una extensa red de conspiradores de todo signo político, desde aristócratas a socialistas, y que planificaron cuáles debían ser los pasos siguientes a la muerte de Hitler: evitar la destrucción de Alemania, organizar el nuevo gobierno, pactar la paz con Reino Unido y Estados Unidos, etc. Pero ejecutar el atentado parecía cada vez más difícil. La Gestapo se olía algo y Hitler vivía en un entorno extremadamente protegido, relacionándose en sus búnkeres con muy pocos oficiales de su confianza.

La oportunidad surgió cuando uno de los opositores, el coronel Claus von Stauffenberg, ascendió inesperadamente en el escalafón militar y se vio autorizado a acudir a los encuentros de Hitler con sus más altos jefes militares. La idea del atentado tomó fuerza renovada, pero las sospechas de la Gestapo había descubierto el plan hizo que todo se acelerase.

El coronel colocó un bomba disimulada en un maletín en la sala de mapas del cuartel general de Hitler, llamado La Guarida del Lobo, en donde se encontraba reunido con sus generales. Von Stauffenberg colocó la bomba a los pies de Hitler y se excusó diciendo que esperaba una llamada. Alguien, sin embargo, tropezó con el maletín y lo apartó de la mesa. A las 12:40 h la bomba estalló matando a cuatro oficiales e hiriendo gravemente a otros cinco. Hitler solo sufrió heridas leves. En Berlín, al conocerse que el dictador había sobrevivido, los conspiradores abortaron la movilización del ejército de reserva y cundió el pánico entre ellos. Tras el fallido atentado fueron detenidas 5000 personas, de las que fueron ejecutadas alrededor de 200. Hitler desde entonces sufrió problemas de oído y un notorio temblor en las manos, pero sobre todo se hundió en la paranoia de sufrir un nuevo atentado. que hizo que tomase decisiones erráticas y desconfiase de todo el mundo.

MÁS QUE CIRCO

En el enorme Coliseo de Roma, llamado Anfiteatro Flavio, se podían llegar a reunir a entre 50 000 y 87 000 fervorosos asistentes, ávidos de ver a los más célebres gladiadores del Imperio. Sin embargo, había otro acontecimiento que podía congregar a muchos más espectadores: las carreras de carros. El Circo Máximo podía acoger a 250 000 personas.

Por su parte, el teatro más grande de la antigua Roma, el de Marcelo, podía contener a unos 20 500 asistentes, lo cual no está nada mal si observamos que un teatro español de los buenos, como el Teatro Real de Madrid, tiene una capacidad de 1750.

GRACIAS A LAS CABRAS

Cuenta la leyenda que un solitario pastor de cabras en la Etiopía del siglo IX llamado Kaldi descubrió los efectos estimulantes del café al ver cómo sus cabras sufrían una cierta revigorización al comer determinadas bayas. Kaldi se lo contó al abad del monasterio local y éste decidió secarlas y hervirlas para hacer una infusión. Luego lanzó las bayas al fuego y, sin quererlo, se tostaron rústicamente. Solo faltaba disolverlas en agua caliente para pasar las largas horas de oración en el monasterio mucho más despiertos. Y es que la invención de determinados alimentos procesados en la Antigüedad casi siempre tiene que ver con la casualidad.

Por cierto, el café es el segundo producto más comercializado del mundo, solo por detrás del petróleo.

BLANCA SATURNALIA

Lo cierto es que hasta el siglo IV no aparece por primera vez la palabra Navidad, así que es singular que, sin que se sepa con exactitud la fecha de nacimiento de Jesús de Nazaret, se escogiera el 25 de diciembre como conmemoración cristiana de ese hecho. La razón puede deberse a que la Iglesia intentó hacer coincidir la festividad con otra que tenían gran arraigo en el calendario romano: Saturnalia. Comenzaba el 17 de diciembre y concluía el 25 del mismo mes con la celebración del Deus Sol Invictus, el nacimiento del sol invencible. Igualmente, en esas mismas fechas se celebraba el solsticio de invierno con el nombre de Brumalia, unas fiestas de desenfreno y comida y bebida en exceso en honor de Baco. ¿Casualidad?

CIEN AÑOS DE LUZ

En la estación de bomberos número 6 de Livermore, California, hay una bombilla que ya se conoce como La luz centenaria, y que lleva más de cien años en funcionamiento. Fabricada en la década de 1890 por Shelby Electric Company, antes de las medidas de obsolescencia que acordaron secretamente los fabricantes de bombillas de todo el mundo, es una prueba de que las bombillas estaban pensadas para no fundirse nunca. Con 60 watios, soplada a mano y filamento de carbono, lleva desde 1901 luciendo ininterrumpidamente en el garaje del parque de bomberos. De hecho, solo se apagó durante 22 minutos en 1976 cuando la estación cambió de sede. El secreto debe de estar en el gran grosor de su filamento, pero no es posible asegurarlo sin apagarla. Hoy, la bombilla va perdiendo progresivamente luminosidad y apenas tiene ya el equivalente a 4 watios.

¿DESDE CUÁNDO EL TIBET ES CHINO?

La región más alta de la Tierra tiene su origen como imperio unificado en el siglo VII, cuando alcanzó su mayor expansión, llegando desde Mongolia hasta el golfo de Bengala. Los enfrentamientos y la influencia china son un continuo a lo largo de la historia del Tíbet, pero se puede decir que se consolidó cuando en 1720 el ejército chino entró en la capital, Lhasa, para expulsar a los invasores mongoles. Desde ese momento se inicia una “supervisión” china del Tíbet. La independencia tibetana sufriría un nuevo menoscabo tras pedir ayuda al emperador chino para defenderse de la invasión nepalí en 1788. Con la revolución de 1912, que acabó con la última dinastía imperial china, el Tíbet expulsó a todos los chinos y proclamó su independencia al año siguiente. Sin embargo, China nunca reconoció el nuevo estado, y en 1951, tras la batalla de Chamdo, el ejército de la República Popular China invadió el Tíbet. La resistencia local dio origen a una dura represión, y la comunidad tibetana de Suiza estima que desde entonces han muerto 1,2 millones de personas y se han destruido más de seis mil lugares históricos.

En la actualidad, administrativamente es una Región Autónoma y existe un gobierno en el exilio. El territorio histórico del Tíbet es algo más pequeño que la superficie de Argentina.

Curiosidades de la Historia