EL MITO DE EL DORADO

El Dorado es una ciudad legendaria que se creía ubicada en algún lugar del virreinato de Nueva Granada, en los actuales estados de Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador, y en la que se sospechaba que existían fabulosas minas de oro.

El origen del mito se fecha en el siglo XVI cuando los conquistadores españoles tuvieron conocimiento de un rito del pueblo muisca, natural del altiplano colombiano, que consistía en cubrir a su rey con polvo de oro y realizar ofrendas del mismo metal y esmeraldas en la laguna Guatavita. Durante la ceremonia, que parece ser que ya no se hacía desde antes de la llegada de los españoles, el nuevo cacique, completamente cubierto de oro, viajaba en una balsa de juntos ricamente adornada hasta el centro de la laguna y desde allí realizaba las fastuosas ofrendas, mientras el resto de su pueblo desde las orillas hacía lo mismo. En el Museo del Oro de Bogotá (Colombia) se exhibe la Balsa muisca, una espectacular pieza de orfebrería en oro que representa precisamente la ceremonia que se ha descrito.

Fue el español Sebastián de Belalcázar, en 1540, el primero en obsesionarse con El Dorado, persiguiendo una quimera que con el correr de los años se fue engrandeciendo en el imaginario colectivo, hasta el punto de que se llegó a creer que existía una ciudad construida enteramente de oro. Durante siglos, diversos exploradores han intentado encontrar la mítica ciudad. Todos fracasaron y muchos perdieron la vida en el intento.

UN ETERNO CORTEJO FÚNEBRE

Cuando en 1504 murió Isabel I de Castilla, conocida como la Católica, se abrió el camino a un gobierno sobre el reino compartido por el viudo rey de Aragón, Fernando, su hija Juana, verdadera reina de Castilla, y su esposo Felipe I, llamado el Hermoso, quien debía de ser tan guapo como ambicioso y mujeriego.

Juana adoraba a su marido, a pesar de los conocidos y notorio amoríos cortesanos, y sufría por ello arrebatos de celos. En cualquier caso, el matrimonio no pudo gozar del trono, pues al poco de llegar a España, Felipe murió repentinamente, dicen unos que por un enfriamiento, dicen que envenenado otros. Tenía 28 años.

La cuestión es que la joven viuda sufrió terriblemente la pérdida y comenzaron a correr rumores sobre la supuesta locura de la reina. Y no era para menos, pues, muerto y enterrado Felipe en la ciudad de Burgos, Juana decidió que su sitio de eterno descanso debía estar en Granada, a casi 700 kilómetros de allí. El corazón, según las últimas voluntades de Felipe se había enviado a Brujas (actual Bélgica), pues Felipe no era castellano de nacimiento, sino flamenco, y a Juana le obsesionaba que sus súbditos extranjeros pudieran hacer lo mismo con el resto del cuerpo.

Pues bien, ni corta ni perezosa, la reina mandó desenterrar el cadáver de su esposo e inició un largo y triste viaje hacia el sur de España, viajando sólo de noche y rodeada de un numeroso séquito de aristócratas y religiosos. Sin embargo, no llegó muy lejos. El rey Fernando de Aragón, su padre, no veía con buenos ojos que Felipe fuera enterrado en Granada e impidió el avance de su hija. Durante los ocho largos meses que duró el cortejo fúnebre por tierras castellanas, Juana no se separó nunca del féretro, y de tanto en tanto ordenaba abrir el ataúd para contemplar a su amado. Claro, las gentes que veían todo esto empezaron realmente a creer en la locura de la reina. Cuentan que Juana se llegó a negar a entrar en un convento femenino de monjas de clausura, por celos a que otras mujeres estuvieran cerca de su marido, por más que este llevase seis meses muerto.

Finalmente, el cortejo se instaló en un pequeño pueblo llamado Torquemada (Palencia), en donde ni siquiera había casas apropiadas para alojar al cortejo. El cuerpo de Felipe fue trasladado a la iglesia, donde cada día se celebraban funerales como si acabase de morir. La reina se gastó una barbaridad en velas, y debía haber tantas y luciendo de forma tan continuada, que la iglesia acabó incendiándose. Se trasladaron luego a Hornillos de Cerrato, muy cerca de allí, y la iglesia volvió a acabar envuelta en llamas. De allí a Burgos y después a Tordesillas.

Hasta 1509, casi dos años y medio después de la muerte de Felipe, el cortejo no se detuvo definitivamente, cuando el padre de Juana, Fernando el Católico, la recluyó en Tordesillas. El cuerpo del pobre Felipe aún tardaría quince años en llegar a la catedral de Granada, donde aún descansa en compañía de la reina Juana, que aún muchos conocen, de forma injusta, como Juana la Loca.

LA CONQUISTA DE NUEVA ESPAÑA

Bernal Díaz del Castillo (1495/96-1584) fue un conquistador español nacido en Medina del Campo que llegó a ser regidor de Santiago de Guatemala. Arribó a América unos veintidós años después de la llegada de Cristóbal Colón y tras sus aventuras, especialmente en la conquista de México, acabó escribiendo una obra titulada Historia verdadera de la conquista de Nueva España, una de las grandes obras sobre la conquista de América.

En este episodio, acontecido en las costas de Yucatán (sudeste de México, Belice y norte de Guatemala), cuenta cómo se las vieron con algunos nativos:

Otro  día por la mañana volvió el mismo cacique a nuestros navíos y trajo doce canoas grandes, ya he dicho que se dicen piraguas, con indios remeros; y dijo por señas, con muy alegre cara y muestras de paz, que fuésemos a su pueblo y que nos darían comida y lo que hubiésemos menester, y que en aquellas sus canoas podíamos saltar en tierra. Entonces estaba diciendo en su lengua: “Cones cotoche, cones cotoche”, que quiere decir: “Andad acá, a mis casas”. Y por esta causa pusimos por nombre aquella tierra Punta de Cotoche, y así está en las cartas de marear […]. Y cuando el cacique nos vio en tierra y que no íbamos a su pueblo, dijo otra vez por señas al capitán que fuésemos con él a sus casas; y tantas muestras de paz hacía, que, tomando el capitán consejo para ello, se acordó por todos los soldados que con el mejor recaudo de armas que pudiésemos llevar, fuésemos. Y llevamos quince ballestas y diez escopetas, y comenzamos a caminar por donde el cacique iba con otros muchos indios que le acompañaban. Y yendo de esta manera, cerca de unos montes breñosos comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de indios de guerra que tenía en celada para matarnos; y a las voces que dio, los escuadrones vinieron con gran furia y presteza, y nos comenzaron a flechar, de arte que de la primera rociada de flechas nos hirieron quince soldados. Y traían armas de algodón que les daba a las rodillas y lanzas y rodelas y arcos y flechas y hondas y mucha piedra, y con sus penachos; y luego, tras las flechas, se vinieron a juntar con nosotros pie con pie, y con las lanzas a manteniente nos hacían mucho mal. Mas quiso Dios que luego les hicimos huir, como conocieron el buen cortar de nuestras espadas y de las ballestas y escopetas; por manera que quedaron muertos quince de ellos.

ALVARADO Y EL SALTO CON PÉRTIGA

Pedro Alvarado (1485-1541) es uno de los más conocidos conquistadores españoles. Nacido en Badajoz (España) era de gran estatura y rubio, lo cual impresionaba a los indígenas que lo veían. Pedro y sus hermanos participaron junto con Hernán Cortés en la conquista de México, y en ese escenario Alvarado pasa por ser el responsable de la matanza del patio del Templo Mayor.

Los españoles se encontraban en la capital de los aztecas, Tenochtitlan (actual Ciudad de México), con los que se había llegado a una suerte de tregua, y en ausencia de Hernán Cortés, Alvarado quedó al mando. No se sabe qué sucedió realmente, pero la cuestión es que dio la orden de cargar contra los participantes de una fiesta religiosa y aquello acabó con la muerte de entre trescientas y seiscientas personas completamente desarmadas. Fue una sangrienta carnicería, y Alvarado nunca pudo justificar su acción coherentemente. Alegó que en la fiesta los aztecas tenían previsto realizar sacrificios humanos, por más que hubieran prometido a los castellanos no hacerlo, y que en realidad aquella festividad era una encerrona para atacar a los europeos.

Hernán Cortés tuvo que regresar rápidamente para socorrerle, porque aquello había desencadenado duros enfrentamientos. Finalmente, los españoles hubieron de abandonar atropelladamente la ciudad.

En esa huída, cuentan que Alvarado, rodeado de enemigos, salvó la vida al saltar un canal haciendo uso de su lanza como si de una pértiga se tratara, lo que se tiene como origen de esa disciplina atlética llamada salto con pértiga.

Analizada fríamente, es muy probable que tal hazaña no ocurriese nunca, ya que Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en aquello, dice que ningún testigo se hubiera fijado en tal destreza, porque todos andaban en intentar salvar su propia vida como fuera. Indica, además, que la anchura y profundidad del canal hubieran impedido el salto, y, finalmente, precisa que él jamás oyó hablar del famoso salta de Alvarado hasta muchos años después de que sucediera lo de Tenochtitlan, cuando alguien publicó unas laudas dedicadas a Alvarado.

En Ciudad de México hay una calle llamada Salto de Alvarado, situada en el lugar donde pudo haber ocurrido el famoso salto.

UN LUGAR IMPRESIONANTE

La “fortaleza” inca de Sacsayhuamán, levantada a dos kilómetros de Cuzco (Perú), es una espectacular obra que se remonta al reinado del gran rey Pachacútec, en el siglo XV, y tal vez una de las obras arquitectónicas más monumentales del apogeo del Imperio inca.

Cuando el español Francisco Pizarro y sus hombres contemplaron este centro situado a 3700 metros de altitud lo identificaron como una fortificación (aunque posiblemente no lo fuera) y simplemente se quedaron maravillados por las enormes piedras que se usaron en su construcción:

No existe nada similar, ni el acueducto de Segovia ni ninguna construcción de Hércules ni de tiempos de los romanos […] debe incluirse entre los monumentos conocidos como las siete maravillas del mundo.

Nadie que los contemple osaría afirmar que fueron colocados por manos humanas. Son como trozos de montañas o riscos.

Y efectivamente casi lo eran: algunos de los bloques utilizado pesan 128 toneladas y otros tienen unas dimensiones de 5×5 metros. Los conquistadores se preguntaban:

Cómo transportaron las piedras al lugar, pues carecían de bueyes y de carros, además tampoco habrían tenido suficientes bueyes para transportarlas […] debe ser obra del mismísimo Demonio o de algún encantamiento.

La funcionalidad del magno edificio probablemente tuviera una vertiente religiosa, sin embargo, durante la guerra entre españoles e incas, este recinto tuvo, efectivamente, un uso militar, pues allí se desarrolló la batalla de Sacsayhuamán en el marco del proceso de reconquista por el Imperio inca entre éstos y los españoles de Pizarro y sus tropas auxiliares.

EL TERREMOTO DE LISBOA

El 1 de noviembre de 1755 sucedió un terrible terremoto que se conoce como el Terremoto de Lisboa, por ser esta ciudad la que más directamente sufrió sus desastrosas consecuencias, pero en realidad el terremoto afectó a Portugal, España, Marruecos y Argelia, principalmente, y pudo sentirse en Groenlandia, en las Antillas, en Madeira, en Noruega y Suecia, o en Gran Bretaña e Irlanda.

En Marruecos se calcula que murieron 10000 personas, y solo en Ayamonte (Huelva, España), perecieron a consecuencia del terremoto unas mil personas. Dicen los testigos que las campanas de la Giralda de Sevilla sonaron sin que nadie las tañiese, y Cádiz se libró de la devastadoras olas gigantes de 20 metros gracias a sus murallas marítimas, aunque la mayor parte de las poblaciones de la costa gaditana fueron prácticamente destruidas. También en el interior de la península ibérica se notó poderosamente el terremoto, y así, la torre de la catedral de Valladolid quedaría dañada y se derrumbaría años después, y en Salamanca muchos edificios históricos sufrieron daños estructurales severos, al igual que en Córdoba, Jaén, Zamora, Palencia…, y en diferentes puntos de la costa mediterránea.

Pensadores de toda Europa como Kant o Voltaire se refirieron a este terremoto, y por todo el continente se hablaba de la cólera de Dios, pero también se desarrollaron teorías científicas para explicar lo sucedido. El terremoto de Lisboa, aunque no lo creamos, tuvo un grandísimo impacto en la cultura y pensamiento europeos.

EL SALUDO MILITAR

Durante la Edad Media, muchos soldados llevaban yelmos que en muchos casos estaban dotados de una protección móvil sobre la cara y que podía levantarse cuando no estaban combatiendo. Se dice que durante la revisión de las tropas, los capitanes ordenaban levantar esas viseras para poder identificar a sus hombres, y que, en todo caso, se mantenían subidas ante una personalidad importante, como muestra de respeto. Puede que el origen del saludo militar esté en esTas circunstancias, y que el gesto fuera evolucionando hasta tocarse con el filo de la mano la frente o la sien en señal de respeto a un oficial.

Sin embargo, el origen del saludo militar como lo conocemos parece tener su origen algo después en el tiempo, en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando a los granaderos les cambiaron el tradicional sombrero plano por uno cónico bastante engorroso. Quitárselo y ponérselo no era sencillo por la cantidad de penachos que llevaba, por lo que se instauró la costumbre de que estos guardias simplemente se tocaban el dichoso sombrero con un movimiento corto sobre la frente, como si iniciaran el gesto de quitarselo, para luego volver a bajar marcialmente la mano.

MUERTE DEL REY, SEGÚN SU MÉDICO

El doctor Parra, médico de la casa real castellana, escribía en 1506 desde Valladolid a Fernando el Católico, rey de Aragón, para comunicarle la muerte en Burgos de su yerno, Felipe I, más conocido como Felipe el Hermoso, a los 28 años de edad:

El rey don Felipe que haya gloria había jugado muy reciamente a la pelota en lugar frío dos o tres horas antes que enfermase y dejose resfriar sin cubrirse. Jueves a 17 de septiembre (1506) se levantó el rey mal dispuesto: creese que con calentura, y esta nunca se le quitó hasta que murió. Este día jueves no dijo nada a los físico, y comió como solía otros días de caza, y anduvo a caza todo el día […].

Domingo mañana estábase con la calentura y con sentimiento en el costado, y escupía sangre. Sangrarónlo de la parte contraria, y luego se le fue aliviando el dolor hasta quedar esa tarde sin él del todo, y con su calentura algo floja hasta las dos de la tarde que le tornó el frío, y sobre él se arreció la calentura […].

El lunes de mañana que era el quinto, amaneció con su calentura y con la campanilla tan engrosada y hinchada y relajada, y algo también la lengua y paladares, que apenas podía tragar la saliva ni hablar […].

[El miércoles] vino un sudor en todo el cuerpo, caliente y harto copioso. Sudaría seis horas o casi, cuando con flaqueza de virtud y turbados los sentidos todos, y la lengua y habla, que de allí adelante apenas se le entendió cosa que hablase; y siempre estuvo alienado y con sueño, que con mucha pena le despertaban, y nunca bien despierto […].

[Jueves] No quise votar en que le hiciese cosa recia porque de cierto no se podía esperar otra cosa sino abreviarle la vida.

El viernes 25 de septiembre de 1506, sobre las dos de la madrugada, moría el rey Felipe I. Y concluye el médico:

Vi a la reina [Juana] mi señora estar allí de continuo, mandando lo que se hiciese y haciéndolo, y hablando al rey y a nosotros, y tratando al rey con el mejor semblante y tiento y aire y gracia, que en mi vida vi mujer de ningún estado.

LESBIANA Y CATÓLICA

0186 LESBIANA Y CATÓLICA

Cristina (1626-1689) es sin duda una de las reinas más famosas y excéntricas de la historia de Suecia, y los siglos aún la contemplan como una mujer singular, como demuestra su presencia en óperas, películas, obras de teatro o novelas.

Cristina era hija de otro rey famoso, Gustavo Adolfo, quien combatió, al frente de los protestantes, al Sacro Imperio Romano. Una vez en el trono, Cristina pronto demostró que no iba a ser la reina que todos esperaban. Lo primero que determinó fue no tomar matrimonio. En este caso pesaron más sus orientaciones sexuales que las razones de estado. Y es que, en ningún caso, escondía su homosexualidad, pues era habitual verla vestida de hombre, lo que era considerado, no como una simple rareza, sino como un atentado a las leyes de Dios.
La reina, curiosa por naturaleza y con una exquisita educación humanista (su lema era “La sabiduría es el pilar del reino”), gustó además de promover las artes y proteger a artistas, lo que convirtió durante un tiempo a Suecia como uno de los grandes centros culturales del continente, y mantuvo una postura implicada realmente en la gestión de su reino, por encima de sus cancilleres. Muchos debieron de respirar aliviados cuando en 1654, a los 28 años de edad, renunció al trono sin dar ninguna explicación, en beneficio de su primo. La verdad es que perdían a una gran reina.

Todas estas excentricidades se podían soportar, pero la decisión que más revuelo levantó en toda Europa fue su conversión al catolicismo tras una estancia en Flandes bajo la protección del rey español Felipe IV.

Decidió retirarse a Roma, capital de su recién adquirida fe, e hizo su entrada triunfal en la ciudad vestida como una amazona a lomos de un caballo blanco y a la cabeza de un gran cortejo. A pesar de sus rarezas, el Vaticano la recibió con los brazos abiertos, pues, no todos los días notables protestantes volvían al redil del catolicismo.
Tal vez, Cristina no fue más que una mujer adelantada a su tiempo.

AL REY LE GUSTAN GORDAS

Ibrahim I el Loco (1615-1648) fue un sultán del imperio otomano tan cruel como torpe, y durante su reinado casi llevó al colapso a su reino.

Ya dio muestras de incapacidad desde pequeño, de modo que su hermano no lo consideró nunca una amenaza y decidió no asesinarle cuando accedió al trono, como era habitual entre los sultanes turcos. No obstante, la oposición al sultán hizo que el ejército se rebelara y, tras derrocar al sultán, acudieron en busca de Ibrahin para entronizarlo como legítimo heredero. Ibrahim, simplemente, se negó a abandonar su jaula dorada, el harén en el que estaba recluido a la fuerza, sabedor de que, ahí afuera, lo más fácil era que le mataran, y con más motivo si era el sultán.Finalmente, lo convencieron.

Es posible que el rey sufriera algunos desórdenes psicológicos, como neurastenia, y al comienzo de su reinado delegó el gobierno en su madre, mientras él se se recluía en harenes repletos de lujos y de mujeres de todas las razas. De todas, las que más le gustaban eran las concubinas obesas, hasta el punto de que el sultán envió mensajeros por todo el imperio para que encontraran a la súbdita más gorda que existiese en sus dominios. Finalmente la encontraron en Armenia y se llamaba Dulce Terrón de Azúcar. Dicen que el rey estaba tan a gusto con ella que le asignó una pensión vitalicia.

Cuando finalmente el sultán decidió tomar las riendas del imperio, gobernó de forma errática y desordenada, y sufrió diversos reveses frente a Venecia que debilitaron terriblemente al imperio. Así que, cómo era habitual en Estambul, no tardó en ser asesinado.

Curiosidades de la Historia