CUESTIONES DE PAREJA

El Código de Hammurabi, escrito hace más de 3700 años, en Babilonia (actual Irak) legislaba sobre los más diversos asuntos, entre ellos, las conductas sexuales que consideraban ilícitas. Estos son sólo algunos ejemplos:

«Si la esposa de un hombre es sorprendida acostada con otro varón, que los aten y los
tiren al agua; si el marido perdona a su esposa la vida, el rey perdonará también la vida a su súbdito».

«Si un hombre fuerza a la esposa de otro hombre, que no había conocido varón y vivía
aún en la casa de su padre, y yace con ella, y lo sorprenden, que ese hombre sea ejecutado; esa mujer no tendrá castigo».

»Si a la esposa de un hombre la acusa su marido y no ha sido descubierta acostada con
otro varón, que ella jure públicamente por la vida del dios, y volverá a su casa».

»Si a la esposa de un hombre, a causa de otro varón, se la señala con el dedo, ella, aunque
no haya sido descubierta acostada con el otro varón, tendrá que echarse al divino Río por petición de su marido».

«Si alguien está preso y en su casa hay aún de comer, que su esposa, mientras su
esposo está preso, guarde su cuerpo y no entre en casa de otro; y si lo hace que lo prueben y tiren a esa mujer al agua. Pero si alguien es hecho preso y en su casa no hay de comer, que su esposa entre en casa de otro; esta mujer no tiene culpa».

«Si un hombre le elige una novia a su hijo y su hijo yace con ella, y más tarde es él quien
yace con ella y lo sorprenden, a ese hombre lo atarán y lo tirarán al agua».

¿QUÉ ES EL ARCA DE LA ALIANZA?

El Arca de la Alianza es, según la tradición judeo-cristiana, el cofre creado por mandato de Jehová que contenía las Tablas de la Ley, es decir las lápidas de piedra en las que se habían tallado los diez mandamientos que Dios dictó a Moisés en el monte Sinaí.

El arca se conservaba en el templo de Jerusalén, construido por orden del rey Salomón (hacia 988-928 antes de Cristo). Era un cofre de 111 cm de largo por 67 cm de ancho y 67 cm de alto, fabricado en madera de acacia y revestido ricamente de oro. Estaba coronado por dos seres alados de oro puro con las alas extendidas y se transportaba con dos varales largos que evitaban que el arca se tocase con las manos. En las órdenes que Dios le dio a Moisés para su fabricación, según la tradición, indicaba que pusiera dentro las leyes que iba a dictarle y que el arca sería, por añadido, una especie de lugar de reunión: “allí me encontraré contigo y, desde lo alto de la tapa, de entre los dos seres alados que están sobre el arca de la alianza, te haré saber todas mis órdenes para los israelitas”.

Además de las tablas, también se guardó en el arca durante un tiempo una jarra de oro que contenía maná, la vara mágica de Aarón, el hermano de Moisés, y algunos otros documentos importantes, de modo que el arca funcionaba y era, en rigor, un archivo

Sin embargo, tenía, según los textos bíblicos, innegables connotaciones mágico-religiosas, pues se alertaba de que cualquiera que la mirara directamente, moriría la instante. De hecho, acabó convirtiéndose en un arma aterradora que se utilizó en la destrucción de Jericó (Palestina) o en diversas batallas contra el pueblo de los filisteos, pero que solo funcionaba siempre y cuando los israelitas se mostrasen fieles a Dios. Así, en una ocasión, según la Biblia siempre, la infidelidad se castigó con una derrota ante los filisteos, quienes llegaron a tomar el arca como botín de guerra. Fueron tantas las calamidades sucedidas en sus ciudades y aldeas (por ejemplo, la aparición generalizada de hemorroides) que acabaron devolviendola a los hebreos.

Con la conquista de Jerusalén por los babilonios en el año 587 antes de Cristo, se pierde la pista sobre este legendario objeto. No obstante, son muchos los historiadores que rechazan la misma existencia de esta reliquia, y otros lo mencionan simplemente con un objeto simbólico.

¿DE QUÉ MURIÓ ALEJANDRO?

Alejandro Magno (356-323 antes de Cristo), rey de Macedonia, pasa por ser uno de los mayores conquistadores de la Historia, tras destruir al poderosísimo Imperio persa y llevar los límites de sus dominios desde Grecia hasta la India. Sin embargo, hay dos grandes incógnitas en su vida: las razones de su muerte cuando iba a cumplir los 33 años y dónde está su tumba. A la segunda cuestión aún no se le ha dado una respuesta definitiva, pero a la primera, es posible que sí.

Estudios de una universidad neozelandesa han planteado una interesante hipótesis. Vivía Alejandro en el palacio de Nabucodonosor II en Babilonia, y se sabe que cayó enfermo después de participar en un copioso banquete en el que se excedió con la comida y la bebida. En los días siguientes comenzó a sentir un fuerte dolor abdominal y a sufrir una alta fiebre. Diez días después, Alejandro moría irremediablemente.

Desde la Antigüedad ya se sostuvo la hipótesis del envenenamiento, sin embargo, la ciencia moderna indica que no se conocían en esa época venenos de efectos tan lentos, lo que volvía a apuntar a una pancreatitis aguda o a una recaída de la malaria que había sufrido cuando tenía veinte años. Pero falta de exponer un detalle singular que rodeó a la muerte de Alejandro: durante seis días su cuerpo no mostró signos de descomposición, lo que fue interpretado como una demostración de la esencia divina del rey.

Con todos estos datos se ha planteado recientemente una nueva hipótesis de trabajo: Alejandro sufrió el Síndrome de Guillain-Barré, o lo que es lo mismo el rey griego contrajo una variante de neuropatía axonal motora aguda del mencionado síndrome que le produjo parálisis profunda. Era una enfermedad desconocida en esa época (hace unos 2300 años) y provocó en el cuerpo del rey la disminución de la demanda de oxígeno, lo que redujo la visibilidad de la respiración, la dilatación de las pupilas y una temperatura anormal del cuerpo.

En definitiva, dieron por muerto a Alejandro seis días antes de que realmente falleciera, y, efectivamente, es la razón por la que el cuerpo no presentaba signos de descomposición.

QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A LA COMADREJA

Los egipcios idolatraban a los gatos y hasta tenían una diosa con cabeza de gata, Bastet, así que para ellos, en ningún caso podía se objeto de comercio, por mucho que los mercaderes griegos insistieran en comprarles aquellos animalitos. Pero los comerciantes helenos no se andaban con escrúpulos supersticiosos, así que uno de ellos logró robar seis parejas y llevarlas a Grecia, según cuenta la leyenda. Cuando las camadas comenzaron a multiplicarse, llegó el momento de exportar gatos a toda Europa.

Fuera como fuese, es cierto que el gato europeo tiene su origen en el Próximo Oriente o Egipto, desde donde llegó a Grecia. Los griegos apreciaban su talento para cazar roedores, pero solo muy ocasionalmente lo consideraban animal de compañía; era más un exótico juguete procedente de Egipto, y siempre se prefería la compañía de los perros. De hecho, para mantener las plagas de ratones a raya se usaban comadrejas, y así, en las fábulas de Esopo no hay ni un solo gato, pero sí varios de esos otros animales. Solo versiones posteriores intercambiaron a ambos animales (como en la famosa fábula del cascabel y el gato).

Tampoco en Roma el gato era especialmente apreciado como mascota y apenas hay referencias a él en la literatura. De hecho, se seguía prefiriendo a las comadrejas y a las serpientes para dar caza a ratas y ratones. Cuando la destrucción de Pompeya (año 79) no existía la moda de tener gatos domésticos, y solo se puede hablar de su expansión por Europa varios siglos después, en el siglo IV.

QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A LA COMADREJA

Los egipcios idolatraban a los gatos y hasta tenían una diosa con cabeza de gata, Bastet, así que para ellos, en ningún caso podía se objeto de comercio, por mucho que los mercaderes griegos insistieran en comprarles aquellos animalitos. Pero los comerciantes helenos no se andaban con escrúpulos supersticiosos, así que uno de ellos logró robar seis parejas y llevarlas a Grecia, según cuenta la leyenda. Cuando las camadas comenzaron a multiplicarse, llegó el momento de exportar gatos a toda Europa.

Fuera como fuese, es cierto que el gato europeo tiene su origen en el Próximo Oriente o Egipto, desde donde llegó a Grecia. Los griegos apreciaban su talento para cazar roedores, pero solo muy ocasionalmente lo consideraban animal de compañía; era más un exótico juguete procedente de Egipto, y siempre se prefería la compañía de los perros. De hecho, para mantener las plagas de ratones a raya se usaban comadrejas, y así, en las fábulas de Esopo no hay ni un solo gato, pero sí varios de esos otros animales. Solo versiones posteriores intercambiaron a ambos animales (como en la famosa fábula del cascabel y el gato).

Tampoco en Roma el gato era especialmente apreciado como mascota y apenas hay referencias a él en la literatura. De hecho, se seguía prefiriendo a las comadrejas y a las serpientes para dar caza a ratas y ratones. Cuando la destrucción de Pompeya (año 79) no existía la moda de tener gatos domésticos, y solo se puede hablar de su expansión por Europa varios siglos después, en el siglo IV.

UN DILUVIO SIN NOÉ

Todos conocemos la historia de Noé, quien, alertado por Dios de que éste tenía la intención de inundar la Tierra para acabar con el pecado, construyó un gran barco en el que metió una pareja de cada especie de animales. Así resistieron Noé y su familia los cuarenta días y cuarenta noches de lluvias continuadas y todo el tiempo que tardaron en retirarse las aguas.

Sin embargo, la primera referencia al diluvio es mucho más antigua que la Biblia y se encuentra en un texto mesopotámico titulado el Poema de Gilgamesh. En este relato, escrito hace más de 4100 años, el dios Enil decidió destruir a la Humanidad inundando el planeta, porque los hombres le resultaban demasiado molestos. Un hombre sabio llamado Utanapistim, sin embargo, fue avisado por el hermanastro de Enil, el dios Ea, para que construyera un barco, si es que se quería salvar, y que lo llenase de animales y semillas. Incluso la figura de la paloma que se envía a buscar tierra firme está presente, aunque en este caso no se trate de una paloma, sino de un cuervo. 

Otras variaciones del relato se han encontrado en la misma región de Mesopotamia, lo que hace a muchos historiadores pensar que los hebreos, un pueblo nómada con una cultura inferior a las de las grandes ciudades de Mesopotamia, simplemente conocieron el relato y lo incorporaron a su tradición, dándolo forma en el Génesis.

Igualmente, en el marco de los estudios históricos, se rechaza la idea de un diluvio con dimensiones planetarias, y más bien se apuesta por algún tipo de catástrofe natural extraordinaria y limitada a alguna región concreta que, por sus características, pasó al imaginario popular y, por transmisión oral, a diferentes culturas.

UN DILUVIO SIN NOÉ

Todos conocemos la historia de Noé, quien, alertado por Dios de que éste tenía la intención de inundar la Tierra para acabar con el pecado, construyó un gran barco en el que metió una pareja de cada especie de animales. Así resistieron Noé y su familia los cuarenta días y cuarenta noches de lluvias continuadas y todo el tiempo que tardaron en retirarse las aguas.

Sin embargo, la primera referencia al diluvio es mucho más antigua que la Biblia y se encuentra en un texto mesopotámico titulado el Poema de Gilgamesh. En este relato, escrito hace más de 4100 años, el dios Enil decidió destruir a la Humanidad inundando el planeta, porque los hombres le resultaban demasiado molestos. Un hombre sabio llamado Utanapistim, sin embargo, fue avisado por el hermanastro de Enil, el dios Ea, para que construyera un barco, si es que se quería salvar, y que lo llenase de animales y semillas. Incluso la figura de la paloma que se envía a buscar tierra firme está presente, aunque en este caso no se trate de una paloma, sino de un cuervo. 

Otras variaciones del relato se han encontrado en la misma región de Mesopotamia, lo que hace a muchos historiadores pensar que los hebreos, un pueblo nómada con una cultura inferior a las de las grandes ciudades de Mesopotamia, simplemente conocieron el relato y lo incorporaron a su tradición, dándolo forma en el Génesis.

Igualmente, en el marco de los estudios históricos, se rechaza la idea de un diluvio con dimensiones planetarias, y más bien se apuesta por algún tipo de catástrofe natural extraordinaria y limitada a alguna región concreta que, por sus características, pasó al imaginario popular y, por transmisión oral, a diferentes culturas.

LA REINA DE SABA

Todos tenemos en la cabeza la íntima relación que sostuvieron el rey Salomón, rey de Israel, y la reina de Saba, pero lo cierto es que, a la luz de los datos históricos, se sabe realmente poco de todo aquello.

De ser cierta, esta historia se remonta 3000 años atrás en el tiempo. La reina de Saba o del país de los sabeos, se tiene habitualmente por un personaje legendario, sin embargo, el hecho de que aparezca citada en tres libros de la Biblia y en el Corán, hace sospechar que puede existir una base histórica sobre la que luego se levantó el mito. Ni siquiera se sabe dónde estaba el reino de Saba, aunque algunos estiman que pudo ubicarse en alguna zona de los actuales estados de Etiopía o Yemen. ¿Respecto a su nombre?: Makeba, Nacaula, Balkis…

Cuentan la Biblia y el Corán que esta reina, de la que no citan el nombre, habiendo oído de la proverbial sabiduría del famoso rey Salomón, hijo de David, decidió emprender un largo viaje para conocerlo, acompañada de un gran y exótico cortejo y llevando consigo ricos regalos en forma de especias, oro y piedras preciosas.

Según el Corán, la reina acabó convirtiéndose al monoteísmo. Pero la leyenda que estrecha los lazos sentimentales entre ambos monarcas sólo está recogida en el Kebra Nagast, el libro sagrado de la iglesia ortodoxa etíope, cuando narra que ambos tuvieron un hijo en común llamado Menelik, futuro rey de Etiopía.

Cuenta la tradición etíope que cuando Menelik tenía 22 años viajó a conocer a su padre, quien en principio desconfió de su identidad. Solo cuando el sabeo le entregó un anillo que el propio Salomón había regalado a su madre en señal de amor, se mostró encantado con el joven y le insistió en que se quedase en Israel. El muchacho, no obstante, regresó a su reino con un regalo singular: el Arca de la Alianza, es decir el cofre donde se guardaban las tablas de Moisés con los Diez Mandamientos.

LEY ES DURA, PERO ES LEY

Algunas de las leyes recogidas en el babilónico Código de Hammurabi, redactado hace unos 3750 años, era en algunos casos ciertamente riguroso:

«Si un hombre acude ante un tribunal con falso testimonio y luego no prueba su declaración, si se trata de un caso con pena de muerte, ese hombre será ejecutado».


«Si un hombre roba un buey o una oveja, o un asno, o un cerdo, o una barca, sean del dios o del Palacio, lo devolverá 30 veces; si son de un individuo común, lo devolverá 10 veces. Si el ladrón no tiene con qué devolver, será ejecutado».

«Si un hombre rapta un hijo menor de edad de otro hombre, será ejecutado».

«Si un hombre abre un boquete en una casa, lo ejecutarán y lo dejarán colgado frente al
boquete».

AVES ENJAULADAS

A los romanos les gustaban las mascotas, sin duda, y una de las más apreciadas, sobre todo por las mujeres romanas, eran las aves. En la poesía conservada de esa época existen hasta 700 referencias a aves y, en ese contexto lírico, capturar un ave se usaba como metáfora de lograr el amor ansiado, o, si se mencionaba la muerte del pájaro, era una clara referencia al final de un romance.
Lo más curioso de todo es que encerrar a aves en jaulas es algo meramente romano, pues ni griegos ni egipcios lo tenían por costumbre tan extendida. Algunos historiadores lo explican al entender que la posesión de aves, sin ser una afición exclusivamente aristocrática, tiene mucho que ver con el coleccionismo, las modas y la ostentación.

De entre todos los pájaros domesticados, el más famoso era el gorrión de Lesbia que Cátulo inmortalizó en sus Poemas a Lesbia, en los que una matrona romana juega con su avecilla al pensar apasionadamente en su amante.

II

Pajarillo, cosita de mi amada,
con quien juega, al que resguarda en el seno,
al que suele dar la yema del dedo
y le incita agudos picotazos:
cuando a mi deseo resplandeciente
le place tornarse alegre y aliviarse
de sus cuitas, para aplacar su ardor,
¡cuánto me gustaría, como hace ella,
jugar contigo y desterrar las penas
lejos de mi triste ánimo!
Me es tan grato como a la niña el fruto
dorado que soltó el ceñidor
que tanto tiempo permaneció atado

III
Llorad, Venus y Cupidos,
y cuantos hombres sensibles hay:
ha muerto el pajarillo de mi amada,
el pajarillo, cosita de mi amada,
a quien ella quería más que a sus ojos;
era dulce como la miel y la conocía
tan bien como una niña a su propia madre.
No se movía de su regazo,
pero saltando a su alrededor, aquí y allá,
a su dueña continuamente piaba.
Este, ahora, va, por un camino tenebroso,
a ese lugar de donde dicen que nadie ha vuelto.
¡Mal rayo os parta, funestas
tinieblas del Orco, que devoráis todo lo bello!:
me habéis quitado tan bello pajarillo.
¡Oh mala ventura! Pues, ahora, por tu culpa,
desdichado pajarillo, hinchados por el llanto,
enrojecen los ojillos de mi amada.

Curiosidades de la Historia