EL SURGIMIENTO DEL MEDITERRÁNEO

Pomponio Mela, un escritor romano nacido en la actual Algeciras y fallecido en el siglo I, relata así como se abrió el estrecho de Gibraltar:

Fue el mismo Hércules quien separó los dos montes unidos (Abila y Calpe) como una cordillera continua y que así fue como al Océano, contenido antes por la mole de los montes, se le dio entrada a los lugares que ahora inunda: desde aquí el mar se difunde ya más extensamente y avanzando con gran fuerza recorta las tierras que retroceden y quedan bastante más alejadas.

Pomponio Mela. Corografía, I5, 27

EL EMPERADOR CÓMODO Y JOAQUÍN PHOENIX

En el año 2000, Joaquin Phoenix lograba hacerse con el Óscar al mejor actor de reparto por su representación del emperador Cómodo en la película Gladiator. Sabido es que las pelis americanas sacrifican usualmente el rigor histórico en beneficio del espectáculo visual, por eso no debemos creer que matase a su padre Marco Aurelio. Era Cómodo hombre de gran estatura y muy aficionado a los juegos de gladiadores, incluso llegó a participar en 700 combates en el Coliseo (aunque se decía que los contrincantes o estaban drogados o luchaban con armas de madera). Era rubio y fuerte y se consideraba la representación de Hércules. Los romanos creían que en realidad su madre había engañado a Marco Aurelio con un gladiador y de ahí venía su gusto por las luchas y su locura. En cualquier caso, Cómodo nunca murió en la arena, como refleja la película, sino que fue estrangulado por un liberto contratado por conspiradores entre los que se encontraba el prefecto Laeto, el chambelán Ecleto y la concubina Marcia.

UNA DIETA DE VENENO

Desde finales del siglo I, los emperadores romanos adoptaron el hábito de tomar a diario una pequeña cantidad de veneno. La mezcla de opio, agárico, aceite de víboras y así hasta 64 ingredientes de origen vegetal y animal, les otorgaba la inmunidad y evitaba que pudieran ser asesinados por ese medio. Esta costumbre está basada en una leyenda griega que cuenta que así lo hacía Mitrídate VI, rey del Ponto (132 a.C.-63 a.C.), quien, finalmente derrotado por las tropas romanas, intentó suicidarse tomando veneno sin lograrlo, debiendo ser un soldado el que le diera muerte a espada. Vamos, que el método funcionaba.

La fórmula de la triaca o teriaca, que así se llamaba el carísimo compuesto, pervivió con éxito durante la Edad Media y más allá en Europa, China o el mundo árabe como remedio medicinal, hasta que William Heberden en el siglo XVIII desmintió científicamente su supuesta eficacia. Aún así la triaca se podía encontrar en farmacias europeas hasta los finales del siglo XIX.

EMPERADORES SANGRIENTOS II

[continúa] Por su parte, Domiciano (51-96) empezó cepillándose a doce importantes ciudadanos a los que que acusó de traición, y acabó haciéndose tratar como un dios, exiliando a numerosos filósofos o enterrando viva a la principal virgen vestal y quemando a otras cuantas. Cómodo (161-192), no fue un buen administrador ni siquiera, llevó al imperio a la bancarrota e intentó solucionarlo matando a ciudadanos ricos acusados de traición para confiscar sus propiedades. Desconfiado hasta el paroxismo, ordenó el ajusticiamiento de muchísimos supuestos traidores. Al final, fue  estrangulado en el baño.

Caracalla (188-217) empezó matando al coheredero Geta, su hermano, y luego siguió con extrema brutalidad contra sus opositores. Por contra, fue un gran militar y el que dió la ciudadanía a todos los hombres libres del imperio. Heliogábalo (203- 222) se lanzó contra los principios morales y religiosos del imperio, y su comportamiento sexual provocó el escándalo general. Finalmente, Diocleciano (244-311), a pesar de ser un buen gobernante, inició una cruenta persecución contra los cristianos.

En definitiva, de casi cien emperadores que tuvo el imperio, sólo a unos pocos, seis o siete, pueden ser considerados psicópatas asesinos.

EMPERADORES SANGRIENTOS I

Todos tenemos en mente la imagen de los emperadores romanos como seres ególatras, desequilibrados y violentos, pero lo cierto es que en su inmensa mayoría los emperadores fueron (o intentaron serlo) competentes administradores. No obstante, nos vamos a fijar en las ovejas negras. Tiberio (42 a.C.-37 d.C.), siendo un reputado militar, tras detener y ajusticiar a su mano derecha, el despiadado Sajano, por fundadas sospechas de que pretendía hacerse con el poder, se volvió más desconfiado y acabaría ajusticiando por traición a unos cuantos opositores. Calígula (12-41) empezó su gobierno de forma prometedora, pero un enfermedad le ocasionó desórdenes psicológicos que le llevó al incesto con su hermana, a humillar constantemente al Senado (lo de hacer senador a su caballo no llegó a materializarlo nunca), declarar la guerra al mar o mandar ajusticiar a algunos opositores. Al final acabó siendo asesinado por un pretoriano del que se rió, a pesar de que debió de protestar alegando que era un dios inmortal y no podía morir.

Nerón (37-68) fue un administrador competente, pero las tropelías que cometió no pueden ser obviadas: mató a su hermano Británico, a su madre, a su esposa, a su amante embarazada y a un buen número de opositores. Eso sí, nunca incendió Roma ni tocó la lira mientras eso sucedía (por cierto, era un malísimo intérprete).

[Continuará]

MÁS QUE CIRCO

En el enorme Coliseo de Roma, llamado Anfiteatro Flavio, se podían llegar a reunir a entre 50 000 y 87 000 fervorosos asistentes, ávidos de ver a los más célebres gladiadores del Imperio. Sin embargo, había otro acontecimiento que podía congregar a muchos más espectadores: las carreras de carros. El Circo Máximo podía acoger a 250 000 personas.

Por su parte, el teatro más grande de la antigua Roma, el de Marcelo, podía contener a unos 20 500 asistentes, lo cual no está nada mal si observamos que un teatro español de los buenos, como el Teatro Real de Madrid, tiene una capacidad de 1750.

Curiosidades de la Historia